Cooperativas y mutuales tendrán un protagonismo más marcado en la pospandemia

El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social –Inaes–, organismo de aplicación de las leyes de cooperativas y mutuales, cambió profundamente su impronta bajo el gobierno de Alberto Fernández.

Se movió orgánicamente del Ministerio de Desarrollo Social al Ministerio de Desarrollo Productivo, sumó en su directorio a las principales referencias de las confederaciones mutuales y cooperativas y ensayó instancias de participación activando las Comisiones Técnicas, el Consejo Consultivo y una política de alcance territorial. Todo eso bajo la conducción del experimentado Mario Cafiero, que falleció en septiembre del año pasado.

Esta impronta posibilitó que cooperativas y mutuales tengan un lugar altamente expectante en la agenda de la política pública. El actual directorio del organismo tiene como representantes del Estado nacional a Nahum Mirad y Zaida Chmaruk; a Fabián Brown y Alejandro Russo como referentes del mutualismo y representando a las cooperativas a Carlos Iannizzotto y Ariel Guarco.

Nahúm Mirad, cordobés que ejerce la presidencia tras el fallecimiento de Cafiero, brindó detalles de la gestión 2020 del Inaes y lo que se espera para una situación de pospandemia en este año que comenzó a correr. También se abordaron diversos temas que atañen a este Instituto Nacional”.

2021: un año muy particular

En relación al tan particular año que comienza, Mirad señaló: “Cerramos un año que vino con enormes dificultades, pérdidas irreparables y grandes desafíos. Una época que está poniendo a prueba esa enorme capacidad que tenemos en nuestro país en general y en la economía social y solidaria en particular de sumar voluntades y construir redes que sostengan y modelen de manera creativa respuestas profundas.

Desde nuestro Instituto lo vivimos con particular intensidad. La partida temprana del enorme Mario Cafiero dejó un hueco imposible de llenar. La puesta en marcha de la gestión que encabezó Mario al frente de Inaes planteó una mirada muy lúcida en cuanto al rol que este instituto, donde el Gobierno nacional confluye con las cooperativas y mutuales, puede y debe jugar para que esas redes asociativas desplieguen todo su potencial en un país que lo requiere, quizás como nunca en su historia debido a esas dos crisis que se articularon: la de las políticas de ajuste y endeudamiento y las restricciones de una pandemia para la que no había recetas.

La Justicia Social, que emerge desde una política centrada en la producción y el trabajo, requiere la concurrencia de protagonistas de este espacio.

Sindicatos, empresas pero también organizaciones no lucrativas y el propio Estado deben formular acuerdos profundos mediante el diálogo y el entendimiento”.

La economía social y el pacto social por la producción y el trabajo

Sobre si la economía social puede formar parte de ese pacto social por la producción y el trabajo, Mirad subrayó: “La experiencia mutual y cooperativa en nuestro país conforma un verdadero sistema federal, con profundo arraigo en la historia, con enorme capacidad de resiliencia social y empresarial, con una diversidad de actividades única en el mundo pero también con un nivel de inserción comunitaria incomparable.

Basta señalar un hecho: si sumamos las asociaciones de personas a cooperativas y mutuales en el mundo –y decimos asociaciones, pues muchas personas estamos vinculados a más de una organización-  contamos unos 1.500 millones. En Argentina ese número, registrado por INAES, llega a 28 millones.

Ambos datos comparados con la población total nos da tasas de asociativismo del 16 o 17 por ciento a nivel mundial contra el 40 por ciento en nuestro país, muy por encima de la media mundial.

Por su peso económico y social, por su historia y su capacidad de generar trabajo, ahorro y reinvertirlo de manera local, etc. estas organizaciones son parte fundamental de esta Argentina que empieza a mirar la salida de esta larga pandemia.

La experiencia argentina en este tema recogió sus diferentes vertientes: prácticas asociativas de nuestros pueblos originarios, la ayuda mutua de inmigrantes de diverso origen (tanto europeo, medio oriente e incluso africano), las formas de la ayuda mutua militares, las organizaciones de caridad, la mutualidad y cooperativización del movimiento obrero, el asociativismo de la colonización agrícola, herramienta de integración en apoyo de nuestra dinámica pequeña y mediana empresa, etc.

Este devenir construyó una verdadera formación social –mucho más interconectada tanto en lo institucional como en lo económico de lo que se evidencia–, con empresas cooperativas y mutuales líderes que ocupan –gracias a su capacidad de articular escala técnica, económica, productiva, financiera, etc–. lugares importantes en actividades como la agrícola, seguros, salud, actividad bancaria, consumo, etc. morigerando la tendencia concentración y extranjerización de actividades ultra competitivas.

Por otra parte, cooperativas y mutuales generan trabajo, valor agregado, desarrollo local, exportan, etc. mediante la gestión democrática del capital empresarial que se construye socialmente y es puesto en función de la producción y el empleo.

Generan, también, acceso al consumo y a los servicios, acortando cadenas de valor y construyendo relaciones donde la proximidad es la clave.

Finalmente estas organizaciones dan respuesta creativa en esos espacios donde se requiere empresas haciendo primar la función social de la economía: en nuestro país, la capacidad de respuesta ante situaciones de quiebras de empresa, formalización y articulación con el mercado de experiencias de la agricultura familiar, espacios de la economía popular, la incorporación productivas de personas en contexto de encierro y liberados, la equidad de género, el cuidado del medioambiente, etc. fue y está siendo notoria.

Una política pública adecuada debe interpretar el todo, entendiendo las diferencias entre sus partes y las conexiones que las potencian”.

El rol central de Inaes

“Ante este panorama –continúa Mirad–, el Inaes tiene un rol central: es el organismo de registro, fiscalización, creador de normativa y promoción.

Vale decir, las leyes de cooperativas y mutuales y el INAES posibilitan conformar ese sistema asociativo tan característico y particular del que hablamos. Ambas leyes nacionales, la 20.337 y la 20.321, reconocen al acto mutual y el acto cooperativo como una relación jurídica particular, más allá de la dimensión de las organizaciones y del tipo de actividad que realicen.

Un cuerpo normativo de suma nobleza, que sin dudas requiere ser actualizado y adecuado para potenciar estas organizaciones, contemplando sus basamentos sustanciales.

Somos un país asociativo, solidario e integrado. Damos ante las situaciones más complejas y desafiantes respuestas de conjunto. Apelar a esto es apelar a la identidad más profunda de nuestra historia y cultura.

Cuando nuestro presidente Alberto Fernández insta a una Argentina Unida, está apelando a lo mejor de nuestro devenir desde la colonia a esta parte: juntos somos capaces, divididos fracasamos, retrocedemos y nos perdemos como proyecto de país.

La noción de solidaridad es eso: la mutua responsabilidad de las personas ante los desafíos que superan las posibilidades individuales o sectoriales. La solidaridad entendida como corresponsabilidad, como una relación entre iguales ante las posibilidades y las dificultades.

Y un Estado cumpliendo un rol estratégico es aquel capaz de convocar y generar el encuentro, la respuesta comunitaria en redes territoriales. En esa clave, también el Papa Francisco apela con meridiana claridad al mundo: nadie se salva en soledad”.

Los desafíos actuales del Inaes

Sobre los desafíos actuales del Inaes, Mirad detalló “Como parte del Ministerio de Desarrollo Productivo encabezado por el Ministro Matías Kulfas, está consolidando la agenda productiva. Se trata de un largo anhelo del cooperativismo y mutualismo argentino. Era el momento adecuado para hacerlo y el presidente de la Nación tomó la definición.

Durante 2021, el Inaes readecuará sus programas para fortalecer la presencia en cadenas de valor donde las organizaciones de la economía social tienen presencia, tradición y/u oportunidades, también se buscará potenciar la integración entre organizaciones y estimular la reinversión de fondos producto del ahorro mutual y/o cooperativo en actividades productivas.

Estas líneas de acción de Inaes dialogarán articuladamente con el conjunto de planes y programas que buscan fortalecer la producción, generar empleo, etc. en esa pospandemia que ya empieza a avizorarse.

Habrá un cambio de etapa, donde la clave para el Gobierno nacional será apoyar a estas organizaciones en las capacidades instaladas y ampliarlas, para desde allí reconstruir el modelo de desarrollo que nuestro país. INAES es la puerta de entrada de cooperativas y mutuales para acceder a esas herramientas de la política pública que dinamizarán la actividad productiva y el trabajo, la construcción y el hábitat, la obra pública, la producción y comercialización de agroalimentos, etc.

El despliegue territorial y la labor en Comisiones Técnicas llevados adelante durante 2020, dan al Inaes la capacidad de ser un articulador entre el conjunto de organismos nacionales con políticas públicas específicas y las organizaciones mutuales y cooperativas de todo el país.

En este 2020 hubo avances notorios en una mayor articulación entre Inaes y las líneas del Ministerio de Desarrollo Productivo, que buscan profundizar la actividad económica, será clave para la etapa que viene.

En importante destacar la conformación de fondos mutualistas y cooperativistas para asistir a líneas de apoyo productivo de cooperativas, para asistir a pymes. Este hecho es toda una novedad y posibilita proyectar otro enfoque de la actividad financiera cooperativa y mutual en términos de desarrollo local y apalancamiento productivo.

El objetivo es que Inaes en los próximos años se potencie, se jerarquice, que se transforme en un auténtico instituto de desarrollo del asociativismo mutual y cooperativo, generando herramientas cada vez más sofisticadas de apoyo a la producción, con mayor capacidad de análisis de datos sobre las empresas de base solidaria, su inserción en entramados productivos, y por lo tanto de diseño de políticas y con mayor articulación con otros organismos de Estado.

En lo inmediato, podemos expresar tres grandes líneas de trabajo del organismo: La primera es fortalecer el registro y desarrollar convenios con otros organismos, de tal manera de que la información estadística aumente su calidad y posibilite mejorar tanto la función de contralor como ajustar el diseño de políticas públicas específicas.

El reciente convenio con Afip, también el trabajo integrado con el Banco Central, la Superintendencia de Salud, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Trabajo, y, por supuesto el Ministerio de Desarrollo Productivo, entre otros. van generando un camino claro en este sentido.

En segundo lugar, el Inaes debe fortalecer su articulación con las provincias, los municipios, las universidades, etc. para fortalecer ese entramado institucional que permita un trabajo más cercano con la realidad de las cooperativas y mutuales (Mario Cafiero señalaba que el Inaes debía estar en las calles. Finalmente, consolidar el potencial productivo de estas organizaciones para lograr esta idea de «tercer motor de la economía».

Sobre este último punto, la agenda implica una mayor presencia de cooperativas y mutuales en actividades y cadenas de valor, una mayor integración productiva, la necesidad del acceso al crédito y líneas específicas de políticas públicas, la incorporación de tecnologías y readecuación de procesos y una mayor profesionalización”.

Las cooperativas y mutuales y su capacidad de contribuir a una mayor accesibilidad a servicios y productos

“Un rol clave que cumplen estas organizaciones y, sin dudas, se potenciará en el futuro –acota Mirad– es generar una mayor accesibilidad a productos y servicios. Hablamos de accesibilidad para referirnos a mejores precios, mayor cercanía, mayor disponibilidad, etc.

En el tema de servicios en general y públicos en particular, estas organizaciones muestran que pueden mantener e incluso invertir en infraestructura basado en el esfuerzo de sus personas asociadas, sin subsidios ni inversores externos. Por ejemplo, las cooperativas de servicios públicos vienen desarrollando un rol pocas veces entendido en su profundidad, haciéndose cargo de grandes extensiones con baja densidad de usuarios en un contexto de profunda dificultad económica.

El desafío de la conectividad coloca a estas organizaciones en un lugar estratégico, más cuando hay una definición histórica de definirla como servicio público.

Sin embargo, sus redes de energía, agua y conectividad posibilitan el acceso a los servicios en gran parte de nuestro territorio, además con un gran impacto la federalización de la actividad productiva y comercial en manos de pymes.

Las mutuales cumplen un rol similar, sosteniendo clubes, escuelas, etc. en todo el país, además de los conocidos servicios de salud, seguros, ayuda económica, etc. Hablamos de puestos de trabajo, infraestructura, instalaciones, etc.

Hay nuevas demandas, como las actividades de cuidados que además de ser un servicio de suma necesidad, implica justicia social en cuanto al reconocimiento de un conjunto de actividades que son asumidos por mujeres.

Por otra parte, la sociedad requiere mayor tecnología, protección a los derechos de usuarios/as, etc. lo cual es un tema central para generar mayor accesibilidad a los servicios.

Estas organizaciones están, ampliando rápidamente, su intervención en el aprovisionamiento de alimentos con proyectos muy interesantes en tema logística, compras en conjunto, apertura de nuevas bocas, contacto directo entre productores y centros de comercialización, circuitos de cercanía, etc.

Hay mucho por normalizar, fomentar y articular. Como organismo estamos con estos temas en permanente agenda y en relación con otros organismos del Estado, mediante las comisiones técnicas asesoras y mesas de trabajo”.

Las demoras en las matrículas

Sobre cierta demora en la obtención de las matrículas para las nuevas cooperativas, Mirad explica: “La obtención de la matrícula tiene complejidades y dificultades que llevan a demoras en este contexto.

Hay un trabajo profundo para abordar el tema de manera estructural. Detrás de un pedido hay una necesidad de poner en marcha una actividad empresarial, generar trabajo, inclusión, etc. Buscamos simplificar trámites y pasos y mejorar todo el proceso. Algunos frutos ya se ven pero falta profundizar.

Para que tengamos una idea, este año hubo –aproximadamente– un 150 % más de solicitudes de matrículas cooperativas y mutuales que durante el 2019. Más del 90% de esos pedidos son de cooperativas de trabajo. Es claro que las personas se apoyan en el asociativismo para afrontar situaciones de crisis.

La pandemia obligó a modificar los procedimientos y nos dio la perspectiva que la digitalización de trámites es un camino a consolidar de manera definitiva. Un dato que no es menor, es que a pesar de las dificultades de funcionamiento de un registro en el medio de una emergencia sanitaria, los trámites para obtención de una matrícula bajaron de casi ocho meses de promedio en 2019 a poco más de cuatro meses en 2020.

Un nuevo tipo de trámite para constituir organizaciones se pondrá en marcha en los primeros meses de 2021. Esto agilizará aún más los tiempos y, como hecho completamente novedoso y largamente reclamado por el sector, la matrícula saldrá con CUIT, en un concepto de «ventanilla única».

Las matrículas obtenidas este año que aún no tienen CUIT y las que se están tramitando, en las próximas semanas deberán completar unos datos adicionales y el propio INAES, mediante un histórico convenio con AFIP, extenderá la Clave Única de Identificación Tributaria”.

El rol del sector durante la pandemia

“La pandemia trajo una amenaza directa contra la salud y una fuerte crisis económica. Podemos pensar en ambos aspectos.

Sobre lo primero, es muy importante la respuesta con que estas organizaciones contribuyeron las acciones de nuestro Gobierno y de la comunidad en general. No es menor que hablamos de un país que medio año antes de llegar la pandemia no tenía Ministerio de Salud, se encontraban vacunas vencidas en depósitos y la prioridad estaba lejos de la construcción de hospitales.

Un verdadero desaguisado que, de no revertirse con claridad y liderazgo, nos hubiese costado mucho más caro de lo que nos costó hasta ahora el Covid-19.

INAES encaró un relevamiento, al principio de la Emergencia Sanitaria, donde más de 500 organizaciones pusieron a disposición desde camas acondicionada específicamente para tratar a pacientes infectados, instalaciones sanitarias de emergencia en clubes, producción de respiradores, producción de alcohol en gel, barbijos, cofias y ambos, etc.

Esa información sirvió para el Ministerio de Salud de la Nación y las instancias provinciales como insumo para articular las respuestas.

Por otra parte, estas organizaciones actuaron frente a la situación económica. Sosteniendo empleo, adaptando las actividades productivas, reconvirtiendo sus servicios y actividades, etc. En estos meses hubo, como dijimos, nuevas demandas de matrículas; inversiones y proyectos anunciados por las organizaciones; una fuerte actividad en la producción y comercialización de alimentos; una ampliación de los servicios vinculados a los cuidados, etc.

Hay una noción sobre este espacio que se refuerza con toda claridad en las circunstancias como las actuales: en situaciones de crisis el asociativismo da respuesta y gana terreno y cuando la situación mejora, estas actividades se consolidan. Vienen momentos de consolidar y la política pública será clave para que ello ocurra”, concluye Mirad.

Fuente: www.elciudadanoweb.com. 

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